La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Cuarto, esos impuestos, al someter a los que negocian con los bienes gravados a visitas frecuentes e inspecciones odiosas de los recaudadores, los exponen a veces sin duda a cierto grado de opresión, y siempre a muchas incomodidades y vejaciones; y aunque la vejación, como ya se ha apuntado, no en sentido estricto un gasto, es ciertamente equivalente a lo que cualquier hombre estaría dispuesto a pagar para librarse de ella. …
No obstante, los inconvenientes que acaso sean en algún grado inseparables de los impuestos sobre los bienes de consumo resultan menores para el pueblo de Gran Bretaña que para el de cualquier otro país cuyo estado sea igualmente costoso. Nuestro estado no es perfecto y puede ser corregido, pero es tan bueno o mejor que el de la mayoría de nuestros vecinos.