La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Los impuestos sobre los artículos de consumo pueden ser recaudados por una administración cuyos funcionarios son designados por el estado y son directamente responsables ante él, y en tal caso la recaudación variará de año en año, o bien pueden concederse en arriendo a cambio de una renta fija; en este caso el arrendatario nombra a sus propios agentes que, aunque están obligados a recaudar el impuesto en la manera que marque la ley, se hallan bajo su inmediata supervisión y son directamente responsables ante él. El arrendamiento de los impuestos nunca puede ser la mejor y más eficiente manera de recaudados. Por encima de lo necesario para pagar la renta estipulada, los salarios de los agentes y todo el gasto de su administración, el arrendatario debe siempre retirar de lo que recauda un cierto beneficio, al menos proporcional al adelanto que haya realizado, al riesgo que corre, a los problemas que afronta, y al conocimiento y habilidad que requiere el manejo de una empresa tan sumamente complicada. Si el estado monta una administración bajo su propia y directa inspección, de la misma naturaleza que la organizada por el arrendatario, al menos se podrá ahorrar ese beneficio, que casi siempre es exorbitante. El arrendar cualquier rama importante de los ingresos públicos exige un gran capital o un gran crédito, circunstancias que por sí solas limitan la competencia en este negocio a un número de personas muy reducido. De los pocos que tienen este capital o crédito, los que cuentan con la experiencia y el conocimiento necesarios son todavía menos, otra circunstancia que restringe la competencia aún más. Los muy pocos que pueden competir verán que les interesa más combinarse y llegar a ser socios en vez de competidores; y cuando el arrendamiento sale a subasta, sólo ofrecen una renta que está muy por debajo de su valor real. En los países donde se arriendan los ingresos públicos, los arrendatarios son generalmente las personas más opulentas. Su riqueza suscitaría la indignación pública en cualquier caso, pero lo hace aún más por la vanidad que casi siempre acompaña a las fortunas recientes y la frívola ostentación con que son habitualmente exhibidas. …