La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Incluso en la paz más absoluta tienen lugar acontecimientos que exigen un gasto extraordinario, y al gobierno siempre le convendrá sufragar este gasto desviando de su finalidad al fondo de amortización que imponiendo nuevos tributos. El pueblo siente inmediatamente, en mayor o menor medida, el efecto de cualquier nuevo impuesto. Siempre levanta murmuraciones y suscita crÃticas. Cuanto más se multiplican los impuestos, cuanto mayores sean las cuotas que pagan los diversos objetos imponibles, más agudas son las protestas populares ante cualquier nuevo impuesto, y más difÃcil resulta tanto el encontrar objetos imponibles nuevos como el elevar mucho las tarifas que ya pagan los antiguos. Pero una suspensión momentánea del pago de la deuda no es percibida inmediatamente por el pueblo, y no da lugar a murmuraciones ni crÃticas. El tomar en préstamo del fondo de amortización es siempre una medida obvia y sencilla para salir de un apuro. Cuanto más se han acumulado las deudas públicas, cuanto más urgente resulta el estudiar la forma de reducirlas, cuanto más peligroso y ruinoso es el desvÃo de cualquier fracción del fondo de amortización, menos probable resulta que la deuda pública sea reducida en un grado significativo, y más probable y más inevitable resulta que el fondo de amortización sea desviado para financiar los gastos públicos extraordinarios que tienen lugar en tiempos de paz. Cuando una nación ya está sobrecargada con impuestos, lo único que puede inducir al pueblo a someterse con tolerante paciencia a un nuevo impuesto son las necesidades derivadas de una nueva guerra, la animosidad de la venganza nacional o la inquietud por la seguridad nacional. De ahà el habitual desvÃo del fondo de amortización.