La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Un autor ha planteado que los fondos públicos de las diversas naciones endeudadas de Europa son la acumulación de un gran capital añadido al capital restante del país, con lo que el comercio se extiende, la industria se multiplica y las tierras se cultivan y mejoran mucho más que lo que sería posible sólo con este capital restante. Él no se da cuenta de que el capital que los primeros acreedores públicos adelantaron al gobierno fue desde el momento mismo en que lo adelantaron equivalente a una cierta porción del producto anual desviado desde la función de capital hacia la función de ingreso, desde el mantenimiento de trabajadores productivos hacia el de trabajadores improductivos, y destinado a ser gastado y despilfarrado sin esperanza alguna de reproducción futura. Es verdad que a cambio del capital que adelantaron obtuvieron una anualidad en los fondos públicos que en la mayoría de los casos fue de un valor superior. Es indudable que esta anualidad les repuso su capital y permitió que desarrollaran sus actividades y negocios en el mismo nivel que antes o quizás en uno más alto; es decir, pudieron pedir prestado a otras personas un capital nuevo contra el crédito de esa anualidad, o pudieron comprar un nuevo capital propio vendiendo esa anualidad a otras personas, un capital igual o mayor que el que habían adelantado al gobierno. Ahora bien, este nuevo capital que ellos compraron o pidieron prestado debía estar ya en el país, y estaría invertido como todos los capitales en el mantenimiento de trabajo productivo. Cuando llegó a las manos de aquellos que habían adelantado su dinero al gobierno, aunque en algún aspecto era para ellos un capital nuevo, no lo era para el país: era sólo un capital retirado de ciertas inversiones para ser destinado a otras. Aunque les repuso lo que habían adelantado al gobierno, no se lo repuso al país. Si no se lo hubiesen prestado al gobierno, habría habido en el país dos capitales, dos porciones del producto anual invertidas en sostener trabajo productivo, y no una.