La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones La medida más habitual para disfrazar la quiebra de la hacienda pública a través de un pago simulado ha sido la elevación de la denominación de la moneda. Por ejemplo, si por ley del parlamento o proclama real el valor nominal de seis peniques se eleva a un chelín, y el de veinte piezas de seis peniques a una libra esterlina, la persona que bajo la antigua denominación había pedido prestados veinte chelines, o casi cuatro onzas de plata, puede con la nueva denominación pagarlos con veinte monedas de seis peniques, o algo menos de dos onzas. Una deuda pública de unos ciento veintiocho millones, más o menos el capital de la deuda consolidada y no consolidada de Gran Bretaña, podría de esta forma ser pagada con unos sesenta y cuatro millones de nuestra moneda actual. Sería evidentemente sólo un pago simulado, y los acreedores del estado serían en realidad estafados en diez chelines por cada libra que se les debía. …Un pago simulado de esta clase … extiende la calamidad a un notable número de otras personas inocentes. Da lugar a una subversión generalizada y sumamente perniciosa de las fortunas privadas; en la mayoría de los casos enriquece al deudor ocioso y despilfarrador a expensas del acreedor trabajador y frugal, y transfiere una gran parte del capital nacional desde las manos que probablemente lo acrecentarían y mejorarían hacia las que probablemente lo disiparán y destruirán. Cuando llega a ser necesario que un estado se declare en quiebra, exactamente igual que cuando ocurre lo mismo con una persona, lo que resulta menos deshonroso para el deudor y menos perjudicial para el acreedor es una quiebra honesta, abierta y declarada. Se protege muy poco el honor del estado cuando para tapar la desgracia de una quiebra real se recurre a un truco de prestidigitación como ese, que se descubre tan fácilmente y resulta tan extremadamente pernicioso.