La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Los salarios corrientes dependen en todos los lugares del contrato que se establece normalmente entre dos partes, cuyos intereses en modo alguno son coincidentes. Los trabajadores desean conseguir tanto, y los patronos entregar tan poco, como _sea posible. Los primeros están dispuestos a asociarse para elevar los salarios, y los segundos para disminuirlos.
No resulta, empero, difÃcil prever cuál de las dos partes se impondrá habitualmente en la puja, y forzará a la otra a aceptar sus condiciones. Los patronos, al ser menos, pueden asociarse con más facilidad; y la ley, además, autoriza o al menos no prohÃbe sus asociaciones, pero sà prohÃbe las de los trabajadores. No tenemos leyes del Parlamento contra las uniones que pretendan rebajar el precio del trabajo; pero hay muchas contra las uniones que aspiran a subirlo. Además, en todos estos conflictos los patronos pueden resistir durante mucho más tiempo. Un terrateniente, un granjero, un industrial o un mercader, aunque no empleen a un solo obrero, podrÃan en general vivir durante un año o dos del capital que ya han adquirido. Pero sin empleo muchos trabajadores no podrÃan resistir ni una semana, unos pocos podrÃan hacerlo un mes y casi ninguno un año. A largo plazo el obrero es tan necesario para el patrono como el patrono para el obrero, pero esta necesidad no es tan asà a corto plazo.