La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Ahà estriba un aspecto en el que Smith está definitivamente anticuado, como lo están casi todos los economistas, salvo un puñado de contemporáneos: a todos les falta una correcta teorÃa del estado. Pero al menos Adam Smith abogaba, como buen ilustrado, por un gobierno reformador y liberalizador del Antiguo Régimen mercantilista, un gobierno diferente del antiguo despotismo nobiliario y eclesial; y al menos los liberales del siglo XIX, herederos de Smith, pretendieron mantener al Estado dentro de ciertos lÃmites. En cambio John Maynard Keynes y el grueso de los economistas del siglo XX no tuvieron ni siquiera la preocupación ante la ampliación del tamaño del Estado: más aún, la recomendaron como la mejor forma de resolver los problemas económicos. Su responsabilidad en las dificultades creadas por la expansión inédita del sector público en nuestros dÃas es, asÃ, mucho mayor que la del viejo escocés.
En todo caso, es claro que en las postrimerÃas del siglo XX se está viviendo un agotamiento del Estado presuntamente benefactor y un renacimiento de las ideas liberales.
¿Puede ayudar Adam Smith a los polÃticos que llevan a cabo las reformas económicas de hoy?