La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Ocurre a menudo que mientras los trabajadores de una industria reciben altos salarios, los de otra deben conformarse con apenas la subsistencia. Los unos están en un estado progresivo y disfrutan, por tanto, de una demanda permanente de mano de obra adicional; los otros padecen un estado regresivo, y la sobreabundancia de mano de obra crece sin cesar. Esas dos industrias pueden a veces coincidir en la misma ciudad, a veces en el mismo barrio, y no ser capaces de brindarse asistencia recÃproca alguna. El estatuto de aprendizaje puede impedirlo en un caso, y tanto él como una corporación exclusiva en el otro. Pero en muchas industrias distintas las operaciones son tan parecidas que los trabajadores podrÃan sin dificultad cambiar de una a otra, si esas leyes absurdas no lo impidiesen. Las artes de tejer lienzos y sedas lisos, por ejemplo, son casi idénticas. La de tejer lana es algo diferente, pero la diferencia es tan insignificante que un tejedor de lienzo o seda podrÃa convertirse en un obrero aceptable en muy pocos dÃas. Si alguna de esas tres industrias estuviese en decadencia, por lo tanto, los trabajadores podrÃan encontrar cobijo en cualquiera de las otras dos que estuviese en una condición más próspera; y sus salarios no subirÃan tanto en la industria progresiva ni bajarÃan tanto en la regresiva. Es verdad que la manufactura del lino en Inglaterra está, por un estatuto especial, abierta a cualquiera, pero al no estar demasiado desarrollada en la mayor parte del paÃs no puede suministrar un abrigo universal a los trabajadores de las industrias decadentes que, siempre que el estatuto de aprendizaje esté en vigor, no tienen más opción que recurrir a la caridad de las parroquias o trabajar como peones ordinarios, para lo cual están mucho peor cualificados que para cualquier tipo de industria que se parezca en algo a la suya. Por ello, generalmente escogen la parroquia.