La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Así, en las cercanías de una gran ciudad la demanda de leche y de forraje para los caballos a menudo contribuye, junto al precio de la carne, a elevar el valor de los pastos por encima de lo que podría denominarse su proporción natural con el cereal. Esta ventaja localizada, evidentemente, no puede extendida a las tierras más apartadas. Algunas circunstancias específicas han llevado en ocasiones a algunos países a ser tan poblados que todo su territorio, igual que las tierras en los alrededores de una ciudad importante, no ha sido suficiente para producir ni el pasto ni el cereal necesarios para la subsistencia de sus habitantes. Por ello sus tierras han sido utilizadas principalmente para la producción de pasto, la mercancía más voluminosa y que no puede ser fácilmente transportada desde una gran distancia; y el cereal, el alimento de la mayoría de la población, ha sido básicamente importado desde países extranjeros. Holanda se halla hoy en esta situación, y en ella se encontró una parte considerable de la Italia antigua, durante la prosperidad de los romanos. Catón el Censor decía, según nos cuenta Cicerón, que en la administración de una finca privada lo primero y más rentable era conseguir buenos pastos; lo segundo, unos pastos aceptables; lo tercero, unos pastos malos. Y colocaba sólo en el cuarto lugar al cultivo de la tierra con el arado. Es claro que el cultivo en aquella zona de la Italia antigua cercana a Roma debe haber sido muy desalentado por el reparto de trigo que a menudo se realizaba entre la gente, bien de forma gratuita o bien a un precio sumamente bajo. Este trigo provenía de las provincias conquistadas, muchas de las cuales, en lugar de impuestos, eran obligadas a pagar a la república una décima parte de su producción a un precio tasado, aproximadamente de seis peniques el peck. El reducido precio al que este trigo era distribuido entre la población debe necesariamente haber hundido el precio del que se traía a Roma desde el Lacio, el antiguo territorio de Roma, y debe haber desanimado su cultivo en ese país.