La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones La primera clase de materias primas cuyo precio aumenta con el progreso y las riquezas es aquella que el poder del trabajo humano es incapaz de multiplicar. Consiste en aquellas cosas que la naturaleza produce sólo en cantidades limitadas y que al ser de carácter muy perecedero es imposible almacenar la producción de diversas temporadas. Así ocurre con casi todas las aves y los peces raros y extraordinarios, muchas variedades de caza, casi todas las aves silvestres, en especial las migratorias, y muchas otras cosas. Cuando se expande la riqueza, y el lujo que acompaña esa expansión, la demanda de ellas probablemente se incrementará también, y no habrá esfuerzo humano capaz de aumentar la oferta mucho más allá de lo que era antes de ese alza en la demanda. En consecuencia, al permanecer la cantidad de esas mercancías igual, o casi igual, mientras que la competencia para adquirirlas sube sin cesar, su precio puede elevarse hasta cualquier grado de exorbitancia, y no parece enfrentar límite alguno. Si las becadas se pusieran tan de moda que su precio fuese de veinte guineas la pieza, ningún afán de laboriosidad humana podría incrementar el número de las que llegan al mercado muy por encima del actual. Así puede explicarse el alto precio pagado por los romanos, en tiempos de su máximo esplendor, por aves y peces raros. Esos precios no fueron el efecto de un bajo valor de la plata en esa época, sino del gran valor de esas rarezas y curiosidades que el trabajo humano no podía multiplicar a placer. El valor real de la plata durante un tiempo antes y después de la caída de la República era más alto en Roma de lo que es hoy en casi toda Europa. El precio pagado durante la República por el modio o peck de trigo del diezmo de Sicilia era de tres sestercios, o unos seis peniques esterlinos. Este precio era probablemente menor al precio medio de mercado, porque la obligación de entregar su trigo a esa tasa era considerada como un impuesto sobre los granjeros sicilianos. Así, cuando los romanos necesitaban más cereal del que les proporcionaba el diezmo de trigo, estaban obligados por una serie de condiciones a pagar el exceso a la tasa de cuatro sestercios el peck, u ocho peniques esterlinos; este era probablemente estimado como el precio moderado y razonable, es decir, el precio contractual corriente o medio de entonces, equivalente a unos veintiún chelines el cuartal. Antes de los últimos años de escasez, el precio contractual corriente del trigo inglés era de veintiocho chelines el cuartal, y es un trigo de calidad inferior al siciliano y se vende generalmente en el mercado europeo a un precio menor. Por lo tanto en esos tiempos el valor de la plata debía estar con relación al actual en una proporción inversa de tres a cuatro, esto es, tres onzas de plata compraban entonces la misma cantidad de trabajo y mercancías que cuatro onzas hoy. Así, cuando se lee en Plinio que Seyo compró un ruiseñor blanco como regalo para la emperatriz Agripina por seis mil sestercios, equivalentes a unas cincuenta libras actuales, y que Asinio Celere adquirió un mújol rojo a ocho mil sestercios, unas sesenta y seis libras de hoy, la exorbitancia de estos precios, por mucho que nos sorprenda, nos parecerá un tercio menor a lo que en realidad fue. Los precios reales, la cantidad de trabajo y subsistencias que se daban a cambio de ellos, eran como un tercio mayores que lo que su precio nominal nos parece hoy. Seyo entregó a cambio del ruiseñor un poder sobre una cantidad de trabajo y provisiones equivalente a lo que hoy podrían comprar 66 libras 13 chelines 4 peniques; y Asinio Celere intercambió el mújol rojo por el poder sobre una cantidad equivalente a lo que hoy comprarían 88 libras 17 chelines 9 1/3 peniques. Lo que dio lugar a esos precios exorbitantes no fue tanto la abundancia de plata como la abundancia de mano de obra y medios de subsistencia de que disponían los romanos más allá de lo que necesitaban para su propio uso. La cantidad de plata de que disponían era considerablemente menor a la que podrían haber conseguido hoy con la misma cantidad de trabajo y provisiones.