La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones La productividad o improductividad de las minas que en cualquier momento dado abastecen al mundo comercial, sin embargo, es una circunstancia que lógicamente no guardará conexión alguna con el estado de la industria de ningún país en concreto. Incluso parece que no la guardará con la del mundo en general. Es cierto que a medida que las artes y el comercio se extienden sobre una mayor superficie de la tierra, la búsqueda de nuevas minas, al desplegarse sobre un área mayor, tendrá más posibilidades de éxito que cuando está confinada dentro de límites más estrechos. Pero el descubrimiento de nuevas minas, a medida que las viejas se van agotando paulatinamente, es asunto de la máxima incertidumbre, que ninguna destreza ni laboriosidad humana es capaz de superar. Es sabido que todos los indicios son dudosos, y sólo el descubrimiento y explotación rentable de una nueva mina puede determinar la realidad de su valor, y hasta de su misma existencia. En esa búsqueda no hay límites definidos ni al posible éxito ni al fracaso del esfuerzo humano. Es posible que tras un siglo o dos se descubran nuevas minas más fértiles que ninguna de las conocidas hasta ahora; y es igualmente posible que la mina más productiva que se descubra entonces sea más pobre que cualquiera que haya sido explotada antes del descubrimiento de las minas de América. El que tenga lugar uno u otro de esos acontecimientos es de insignificante importancia para la riqueza y prosperidad real del mundo, para el valor real del producto anual de la tierra y el trabajo de la humanidad. Su valor nominal, la cantidad de oro y plata en la que ese producto anual se pueda expresar o representar, será sin duda muy diferente; pero su valor real, la cantidad real de trabajo que pueda comprar o comandar será exactamente la misma. Un chelín podrá representar en un caso apenas el trabajo que representa hoy un penique; y en otro caso un penique podrá representar tanto como un chelín hoy. Pero en un caso quien lleve un chelín en su bolsillo no habrá sido más rico que el que lleve un penique hoy, y en el otro quien tenía un penique hará sido tan rico como el que lleve hoy un chelín. La baratura o abundancia de los artículos de oro y plata sería la única ventaja que el mundo cosecharía en un caso, y la carestía y escasez de tales insignificantes superfluidades sería el único inconveniente que padecería en el otro.