La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones La mayoría de los autores que han recopilado los precios monetarios de las cosas en la antigüedad parecen haber considerado al bajo precio monetario del cereal y de los bienes en general, o en otras palabras al alto valor del oro y la plata como prueba no sólo de la escasez de dichos metales sino de la pobreza y el atraso del país en esa época. Esta idea está relacionada con el sistema de economía política que sostiene que la riqueza nacional consiste en la abundancia y la pobreza nacional en la escasez de oro y plata; un sistema que procuraré analizar y explicar con detalle en el cuarto libro de esta investigación. Aquí sólo subrayaré que el elevado valor de los metales preciosos no es prueba alguna de la pobreza y atraso de ningún país en el momento en que ello sucede. Es prueba tan sólo de la improductividad de las minas que en ese momento abastecían al mundo comercial. Un país pobre, así como no puede comprar más que uno rico, tampoco puede permitirse pagar más por el oro y la plata que el rico; el valor de esos metales, en consecuencia, no es probable que sea mayor en el primero que en el segundo. En China, un país mucho más rico que ninguna región de Europa, el valor de los precios metales es mucho más elevado que en parte alguna de Europa. En la medida en que la riqueza de Europa se ha elevado agudamente desde el descubrimiento de las minas de América, el valor del oro y la plata ha disminuido gradualmente. Pero esta disminución en su valor no ha provenido del incremento en la riqueza real de Europa, o del producto anual de su tierra y su trabajo, sino del descubrimiento accidental de minas más ricas que ninguna de las conocidas antes. El aumento en la cantidad de oro y plata en Europa, y la expansión de su industria y su agricultura, son dos acontecimientos que aunque han casi coincidido en el tiempo, derivan de causas muy diversas, y virtualmente no tienen conexión entre sí. El uno ha surgido merced a un mero accidente, en el que ni la prudencia ni la política han desempeñado papel alguno. El otro ha derivado de la decadencia del sistema feudal y del establecimiento de un gobierno que ha otorgado a la actividad económica el único estímulo que necesita: una tolerable seguridad de que va a disfrutar del fruto de su propio esfuerzo. Polonia, donde aún rige el sistema feudal, es hoy un país tan miserable como lo era antes del descubrimiento de América. Sin embargo, el precio monetario del cereal ha subido y el valor real de los metales preciosos ha bajado en Polonia de la misma forma que en otros lugares de Europa. Su cantidad, entonces, debe hacer aumentado allí como en otros sitios, y casi en la misma proporción con respecto al producto anual de su tierra y su trabajo. Pero al parecer ese aumento en la cantidad de dichos metales no ha expandido ese producto anual, no ha mejorado la industria ni la agricultura del país, ni el nivel de vida de sus habitantes. Los países dueños de las minas, España y Portugal, son quizás los países más pobres de Europa después de Polonia. Sin embargo, el valor de los metales preciosos debe ser menor en España y Portugal que en el resto de Europa, puesto que de allí arriban a todo el resto de Europa encarecidos no sólo con el flete y el seguro sino con el coste del contrabando, al estar su exportación o bien prohibida o bien sujeta a gravámenes. En proporción al producto anual de la tierra y el trabajo, por lo tanto, su cantidad debe ser mayor allí que en ninguna otra parte de Europa: esos países, no obstante, son más pobres que la mayoría de los países de Europa. Aunque en España y Portugal el sistema feudal ha sido abolido, no ha sido reemplazado por uno mucho mejor.