La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones En 1463, el tercer año del reinado de Eduardo IV, se dispuso que «ningún criado de labranza, ni trabajador corriente, ni sirviente de ningún artesano que viva fuera de una ciudad o burgo, utilizará en su vestimenta paño alguno superior a dos chelines la yarda ancha». En el tercer año de Eduardo IV dos chelines contenía casi la misma cantidad de plata que cuatro chelines de hoy. Pero el paño de Yorkshire que hoy se vende a cuatro chelines la yarda es probablemente muy superior a cualquier cosa fabricada entonces para el vestido de los sirvientes ordinarios más pobres. Incluso el precio monetario de su indumentaria, por lo tanto, en proporción a su calidad, es algo más bajo hoy que en aquellos tiempos. Su precio real es ciertamente mucho más bajo. Se consideraba entonces que diez peniques era el precio moderado y razonable de un bushel de trigo. Dos chelines, por tanto, era el precio de dos bushels y casi dos pecks de trigo, que hoy, a tres chelines y seis peniques el bushel, valdrían ocho chelines y nueve peniques. Para conseguir una yarda de paño el sirviente pobre debía entregar el poder de compra de una cantidad de provisiones equivalente a lo que ocho chelines y nueve peniques comprarían hoy. Esta es también una ley suntuaria, que restringe el lujo y la extravagancia de los pobres. Su vestimenta, por ello, debía ser mucho más cara.