La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Los artículos más bastos debían fabricarse antaño en Inglaterra de la misma manera en que siempre se han fabricado en los países donde las artes y la industria están en su infancia. Se trataba probablemente de una industria familiar, en la que todas las diversas partes de la labor eran ocasionalmente realizadas por los diversos miembros de casi todas las familias; pero era sólo el trabajo que hacían cuando no había nada más que hacer, y no era la actividad principal por la cual ninguno de ellos obtenía la mayor parte de su subsistencia. Ya se ha destacado que el trabajo desarrollado de esta forma arriba al mercado siempre más barato que aquel que constituye el fondo principal o único de la subsistencia del trabajador. Los artículos más finos, por otro lado, no eran entonces fabricados en Inglaterra sino en la rica y comercial región de Flandes; y los fabricaban entonces, igual que ahora, personas que derivan toda su subsistencia, o la parte principal de la misma, de esa labor. Se trataba además de una manufactura extranjera, que debía pagar algún arancel al rey, al menos el antiguo derecho de tonelaje o de peso. Este gravamen no era probablemente muy elevado. No era entonces la política de Europa la de restringir la importación de productos extranjeros mediante aranceles altos, sino más bien la de estimularla, para que los comerciantes pudiesen abastecer, al precio más asequible, a las clases altas con las conveniencias y lujos que desearan, y que la industria de su propio país era incapaz de suministrar.