La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones La primera es la porción reservada para el consumo inmediato, y cuya característica es que no proporciona un ingreso o beneficio. Consiste en las existencias de comida, vestimentas, muebles, etc., adquiridas por sus consumidores pero que no las han consumido todavía por completo. También integran esta primera sección los alojamientos que tenga el país en cualquier momento dado. El capital invertido en una casa, si pasa a ser ocupada por su propietario, deja en ese instante de servir como capital, o de aportar ingreso alguno al dueño. Como tal, una vivienda no contribuye al ingreso de quien la habita; es indudablemente muy útil para él, como lo son su atuendo y sus muebles, que no obstante forman parte de su gasto, no de su ingreso. Si se entrega a un inquilino a cambio de un alquiler, como la casa de por sí no produce nada, el inquilino deberá siempre pagar el alquiler mediante otro ingreso que obtenga de su trabajo, o capital, o tierra. Así, aunque una casa puede rendir un ingreso a su dueño, y servirle de ese modo como un capital, no rinde nada para el país, ni cumple funciones de capital para él, y el ingreso de toda la sociedad nunca puede ser ni mínimamente incrementado a través de ella. La indumentaria y los muebles, análogamente, a veces rinden un ingreso, y actúan así como capital para personas individuales. En países donde son frecuentes los bailes de disfraces, el alquiler de disfraces por una noche es un negocio. Los tapiceros alquilan a menudo muebles por meses o años. Hay empresarios que alquilan muebles para funerales durante un día o una semana. Muchas personas alquilan casas amuebladas, y obtienen una renta no sólo por el uso de la casa sino también por el de los muebles. Sin embargo, el ingreso proveniente de tales objetos debe en última instancia provenir de alguna otra fuente. De todas las partes del capital, sea de un individuo o de una sociedad, que se reserva para el consumo inmediato, el invertido en casas es el que se consume más despacio. Unos vestidos pueden durar varios años, unos muebles, medio siglo o un siglo; pero unas casas bien construidas y adecuadamente cuidadas durarán muchos siglos. No obstante, aunque el período hasta su consumo total es más prolongado, siguen siendo un capital destinado al consumo inmediato, tanto como la indumentaria o los muebles.