La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Cuando se estima la cantidad de trabajo que puede emplear el capital circulante de cualquier sociedad, hay que considerar tan sólo aquellas partes que consisten en provisiones, materiales y artículos terminados; la otra, que consiste en dinero, y que sirve sólo para hacer circular a las otras tres, siempre debe ser deducida. Para poner en marcha una actividad se necesitan tres cosas: materiales para elaborar, herramientas para el trabajo y salarios o retribución por la cual se hace el trabajo. El dinero no es un material ni una herramienta; y aunque el salario del trabajador se paga habitualmente en dinero, su ingreso real, igual que el de cualquier otra persona, no consiste en dinero sino en lo que el dinero vale; no en las piezas de metal sino en lo que se puede comprar con ellas.
La magnitud de la actividad que cualquier capital puede poner en movimiento debe ser evidentemente igual al número de trabajadores a los que puede suministrar materiales, herramientas y una manutención adecuadas a la naturaleza de la labor. El dinero puede ser necesario para adquirir los materiales y las herramientas, así como para la manutención de la mano de obra. Pero la cantidad de actividad que pone en funcionamiento el capital ciertamente no es igual a la suma de ese dinero y los materiales, herramientas y subsistencias que con él se compran, sino sólo a uno de esos dos valores, y más precisamente al segundo que al primero.