La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Un soberano que dispusiese que una cierta proporción de sus impuestos debe ser pagada en papel moneda de un cierto tipo puede otorgar con ello un cierto valor a ese papel, incluso aunque el plazo de su pago y redención final dependa por completo de la voluntad del propio soberano. Si el banco que emite ese papel cuida que su cantidad siempre esté por debajo de lo que podría emplearse fácilmente de esa manera, la demanda del mismo sería tal que podría pagarse una prima por el mismo, o ser vendido en el mercado por algo más que la cantidad de oro y plata en lugar de la cual fue emitido. Algunos explican por esta razón lo que dio en llamarse el agio del Banco de Ámsterdam, o la superioridad del dinero bancario sobre el dinero corriente, aunque los billetes del banco no puedan ser cobrados a voluntad de los tenedores. El grueso de las letras de cambio extranjeras deben ser pagadas en dinero bancario, es decir, mediante una transferencia en las cuentas del banco, y dicen que los directivos del banco son lo suficientemente prudentes como para mantener la cantidad total de papel moneda siempre por debajo de la demanda derivada de este uso. Por ello, afirman, el dinero bancario se cotiza con prima, o tiene un agio del cuatro o cinco por ciento sobre la misma suma nominal en la moneda de oro y plata del país. Veremos más tarde, sin embargo, que lo que se cuenta del Banco de Ámsterdam es en buena medida una quimera.