La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Por otro lado, la cantidad de dinero en cualquier país debe naturalmente aumentar cuando lo hace el valor del producto anual. Al ser mayor el valor de los bienes que circulan cada año en la sociedad, ello requerirá una cantidad mayor de dinero para hacerlos circular. Una parte del mayor producto, por lo tanto, será naturalmente empleada en la compra, allí donde se pueda, de la cantidad adicional de oro y plata necesaria para que circule el resto. El aumento de esos metales no será en tal caso la causa de la prosperidad pública, sino su efecto. El oro y la plata son adquiridos en todas partes de la misma forma. El alimento, vestido y alojamiento, el ingreso y manutención de todos aquellos cuyo trabajo y capital se ha invertido en traerlos al mercado constituye el precio de los mismos, tanto en el Perú como en Inglaterra. El país que pueda pagar ese precio no permanecerá mucho tiempo sin la cantidad de esos metales que necesite, y ningún país podrá conservar durante mucho tiempo una cantidad que no necesite.
Cualquiera sea, entonces, lo que concibamos como la riqueza e ingreso reales de un país, sea el valor del producto anual de su tierra y trabajo, como dicta la razón, o la cantidad de metales preciosos que circulan en el mismo, como supone el prejuicio vulgar, en cualquiera de los dos casos todo pródigo es un enemigo público y todo hombre frugal un benefactor público.