La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones El ingreso de un individuo puede ser gastado en objetos que son consumidos de inmediato y en los que el gasto de un dÃa ni alivia ni sostiene al de otro, o puede ser gastado en objetos más durables, que pueden ser por ello acumulables, y en los que el gasto de un dÃa puede, a su elección, aliviar o sostener e incrementar el efecto del gasto del dÃa siguiente. Por ejemplo, un hombre con fortuna puede gastar su ingreso en comidas suntuosas y copiosas, en mantener un gran número de sirvientes domésticos, o en una multitud de perros y caballos; o se puede contentar con una mesa frugal y unos pocos servidores, y destinar el grueso de su gasto en adornar su casa o su residencia campestre, en edificios útiles u ornamentales, en muebles útiles o de adorno, en coleccionar libros, estatuas, cuadros; o en objetos más frÃvolos, joyas, cachivaches y chucherÃas ingeniosas de diversa suerte; o en la máxima fruslerÃa: en reunir un vasto guardarropa de finos vestidos, como hizo el favorito y ministro de un gran prÃncipe que murió pocos años atrás. Si dos hombres de igual fortuna gastan su ingreso el uno fundamentalmente de una forma y el otro de la otra, la magnificencia de la persona cuyo gasto se destinó básicamente a mercancÃas durables serÃa cada dÃa mayor, y el gasto de cada dÃa contribuirÃa a mantener y realzar el efecto del gasto del dÃa siguiente; la riqueza del otro, por el contrario, no serÃa mayor al final del perÃodo que al comienzo. El primero serÃa al final del perÃodo el más rico de los dos. TendrÃa una cantidad de bienes de diverso tipo, que aunque podrÃa no valer todo lo que han costado, siempre valdrÃan algo. Pero en el caso del segundo no quedarÃa rastro ni vestigio de su gasto, y los efectos de diez o veinte años de derroche estarÃan tan aniquilados como si jamás hubiesen existido.