La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones En igualdad de circunstancias, ningún capital moviliza más cantidad de trabajo productivo que el capital del agricultor. No sólo son trabajadores productivos sus peones, sino también su ganado de labranza. Además, en la agricultura la naturaleza trabaja junto al hombre; y aunque su trabajo no cuesta nada, su producción tiene valor, tanto como el del trabajador mejor pagado. Las operaciones más importantes de la agricultura parecen apuntar no tanto al incremento de la fertilidad de la tierra, aunque lo hacen, sino a la dirección de esa fertilidad hacia la producción de las plantas más convenientes para el hombre. Un campo cubierto de espinos y maleza puede a menudo producir tanta cantidad de vegetales como la mejor viña o el mejor campo cerealero. La plantación y el cultivo frecuentemente regulan más que animan la fertilidad activa de la naturaleza; y tras todo el trabajo, siempre resta una buena sección de la tarea a ser realizada por ella. Por lo tanto, los trabajadores y el ganado empleados en la agricultura no sólo dan lugar, como los obreros de la manufactura, a una reproducción igual a su propio consumo, o al capital que los emplea junto con los beneficios del dueño, sino a un valor muy superior. Además del capital del granjero y sus beneficios, dan lugar a la renta del terrateniente. Esta renta puede ser considerada como el producto de las fuerzas de la naturaleza cuyo uso cede el terrateniente al granjero. Será mayor o menor según lo sea la supuesta extensión de esas fuerzas, o en otras palabras: según la fertilidad natural o artificial de la tierra. Después de deducir o compensar todo que puede considerarse el trabajo de las personas, lo que queda es la labor de la naturaleza. Rara vez es menos que la cuarta parte del producto total y a menudo es más de un tercio. Una misma cantidad de trabajo productivo empleado en la manufactura jamás ocasionará una reproducción asÃ. En la industria el hombre lo hace todo y la naturaleza nada, y la reproducción siempre deberá ser proporcional a la fuerza de los agentes que la determinan. Por lo tanto, el capital invertido en la agricultura no sólo pone en funcionamiento una cantidad de trabajo productivo mayor que el mismo capital invertido en la industria, sino que en proporción al trabajo productivo que emplea, añade al producto anual de la tierra y el trabajo del paÃs, a la riqueza e ingreso reales de sus habitantes, un valor mucho mayor. De todas las formas en que un capital se puede invertir, es con diferencia la más beneficiosa para la sociedad.