La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Sea cual fuere la mercancía foránea con la que se puedan adquirir bienes extranjeros para consumo local, ello no suscitará ninguna divergencia esencial en la naturaleza del comercio ni en el estímulo y apoyo que podrá brindar al trabajo productivo del país del que se compra. Si se compran con oro del Brasil, por ejemplo, o con plata del Perú, este oro y esta plata, igual que el tabaco de Virginia, deben haber sido comprados con algo que o bien era el producto de la actividad del país o que fue adquirido con alguna otra cosa que sí lo era. En lo relativo al trabajo productivo del país, por tanto, el comercio exterior de consumo que es realizado con oro y plata tiene todas las ventajas y todos los inconvenientes de cualquier otro comercio exterior de consumo del mismo rodeo, y repondrá tan rápido o tan despacio el capital inmediatamente invertido en el sostén de ese trabajo productivo. Parece incluso tener una ventaja sobre otro comercio exterior similar. El transporte de esos metales de un sitio a otro, al ser de pequeño volumen y gran valor, es menos costoso que el de casi cualquier otro artículo extranjero del mismo valor. Su flete es más barato y su seguro igual de barato; y además, no hay bienes menos susceptibles de sufrir daños en su transporte. Por consiguiente, se podrá frecuentemente comprar una cantidad igual de bienes extranjeros con una cantidad menor del producto de una actividad nacional utilizando oro y plata que recurriendo a cualquier otra mercancía extranjera. La demanda del país podrá así ser abastecida mejor y a un precio menor de esta forma que de ninguna otra. Más adelante tendré ocasión de estudiar con más detenimiento la posibilidad de que un comercio de esta clase, por la continua exportación de dichos metales, contribuya a empobrecer al país que lo practica.