La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones En la búsqueda de empleo para un capital, y bajo condiciones de igualdad o práctica igualdad en los beneficios, la industria es naturalmente preferida al comercio exterior, por la misma razón que la agricultura es preferida a la industria. Igual que el capital del terrateniente o granjero está más seguro que el del industrial, asà el capital del industrial, al estar siempre ante sus ojos y bajo su control, se halla más seguro que el del comerciante internacional. Es verdad que en cualquier etapa de cualquier sociedad, lo que sobre tanto de la producción bruta como de la elaborada debe ser remitida al extranjero para ser intercambiada por algo para lo que haya demanda en el paÃs. Tiene muy poca importancia que el capital que transporta ese excedente al exterior sea nacional o extranjero. Si la sociedad no ha acumulado el capital suficiente para cultivar todas sus tierras y para manufacturar completamente todas sus materias primas, serÃa enormemente ventajoso que esas materias fuesen exportadas por un capital extranjero, para que todo el capital de la sociedad pueda ser invertido en actividades más útiles. La riqueza del antiguo Egipto, la de China y el Indostán demuestran claramente que una nación puede alcanzar un alto grado de opulencia aunque el grueso de su comercio de exportación sea realizado por extranjeros. El progreso de nuestras colonias de Norteamérica y las Indias Occidentales habrÃa sido mucho menos rápido si en la exportación de su producción excedente no se hubiesen invertido otros capitales que los suyos propios.