La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Los nombres de estas monedas expresaban originalmente el peso o la cantidad del metal que contenÃan. En los tiempos de Servio Tulio, quien primero acuñó moneda en Roma, el as romano, o pondo, contenÃa una libra romana de buen cobre. De la misma forma que nuestra libra llamada Troy, se dividÃa en doce onzas, cada una de las cuales contenÃa una onza verdadera de buen cobre. La libra esterlina inglesa, en la época de Eduardo 1, contenÃa una libra, con el llamado peso de la Torre, de plata de una ley determinada. La libra de la Torre pesaba algo más que la libra romana y algo menos que la libra Troy. Esta última no fue introducida en la circulación inglesa hasta el decimoctavo año del reinado de Enrique VIII. La libra francesa contenÃa en los tiempos de Carlomagno una libra, peso Troy, de una ley dada. En aquel tiempo la feria de Troyes, en Champaña, era frecuentada por todas las naciones de Europa, y los pesos y medidas de un mercado tan famoso eran vastamente conocidos y apreciados. La libra de moneda escocesa contenÃa, desde los tiempos de Alejandro I hasta los de Robert Bruce, una libra de plata del mismo peso y ley que la libra esterlina inglesa. Asimismo, los peniques ingleses, franceses y escoceses, contenÃan todos originalmente el peso auténtico de un penique de plata, la vigésima parte de una onza y la doscientas cuarentava parte de una libra. El chelÃn fue también al principio el nombre de un peso. Un antiguo estatuto de Enrique III reza: cuando el trigo valga doce chelines el cuartal, la pieza de pan de un cuarto de penique pesará once chelines y cuatro peniques. Pero la proporción entre el chelÃn y el penique por un lado y la libra por la otra no ha sido tan uniforme y constante como la relación entre el penique y la libra. Durante la primera dinastÃa de los reyes de Francia el sueldo o chelÃn francés contuvo en diferentes ocasiones cinco, doce, veinte y cuarenta peniques. Entre los antiguos sajones un chelÃn contuvo en un momento sólo cinco peniques, y no es improbable que haya sido entre ellos tan variable como lo fue entre sus vecinos, los antiguos francos. Desde la época de Carlomagno entre los franceses y desde la de Guillermo el Conquistador entre los ingleses, la proporción entre la libra, el chelÃn y el penique parece haber sido siempre igual a la actual, aunque el valor de cada moneda ha sido muy distinto. Lo que ha ocurrido, en mi opinión, es que la avaricia e injusticia de los prÃncipes y estados soberanos, abusando de la confianza de sus súbditos, ocasionó la paulatina disminución de la cantidad real de metal que sus monedas contenÃan originalmente. El as romano, en los últimos tiempos de la República, fue reducido a la vigesimocuarta parte de su valor original y, en lugar de pesar una libra, llegó a pesar sólo media onza. La libra y el penique de Inglaterra contienen hoy apenas una tercera parte, la libra y el penique de Escocia una trigésimo sexta parte, y la libra y el penique de Francia una sexagésima sexta parte de sus valores originales. Mediante estas operaciones, los prÃncipes y estados soberanos que las llevaron a cabo pudieron, en apariencia, pagar sus deudas y hacer frente a sus compromisos con una cantidad menor de plata de la que habrÃan necesitado en otro caso. Pero fue verdaderamente sólo en apariencia, porque sus acreedores en realidad resultaron defraudados en parte de lo que se les debÃa. Todos los demás deudores en el paÃs recibieron idéntico privilegio, y pudieron pagar la misma suma nominal que debÃan en la moneda vieja con la moneda nueva y envilecida. Estas operaciones, por lo tanto, siempre han sido favorables para los deudores y ruinosas para los acreedores, y en algunas ocasiones han generado una revolución más amplia y universal en las fortunas de las personas privadas que la que habrÃa producido una gran calamidad pública. Ha sido de esta manera, entonces, como el dinero se ha convertido en todas las naciones civilizadas en el medio universal del comercio, por intervención del cual los bienes de todo tipo son comprados, vendidos e intercambiados.