La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones El descubrimiento del paso a las Indias Orientales por el Cabo de Buena Esperanza, que ocurrió casi al mismo tiempo, abrió un campo para el comercio exterior quizás más extenso que el descubrimiento de América, a pesar de la mayor distancia. Sólo habÃa dos naciones en América que superaban el nivel de salvajismo, y fueron destruidas casi al mismo tiempo que descubiertas. El resto eran salvajes. Pero los imperios de China, Indostán, Japón y varios otros de las Indias Orientales, aunque no tenÃan minas ricas en oro y plata, eran mucho más ricos en todos los demás aspectos, mejor cultivados y más adelantados en todas las artes y manufacturas que México o Perú, incluso aunque demos crédito —y claramente no lo merecen— a los exagerados relatos de los escritores españoles sobre la antigua condición de esos imperios. Las naciones ricas y civilizadas siempre pueden comerciar entre sà por un valor muy superior al de su comercio con salvajes y bárbaros. Sin embargo, Europa ha obtenido hasta el presente muchas menos ventajas de su comercio con las Indias Orientas que con el de América. Los portugueses monopolizaron para sà mismos el comercio con las Indias Orientales durante casi un siglo, y las otras naciones europeas sólo podÃan enviar o recibir bienes de allà indirectamente, a través de ellos. Cuando los holandeses empezaron a ganarles terreno a principios del siglo pasado, privilegiaron a una compañÃa con la exclusividad de todo su comercio con las Indias Orientales. Ingleses, franceses, suecos y daneses siguieron su ejemplo, con lo que ninguna nación de Europa se ha beneficiado aún del comercio libre con las Indias Orientales. No es necesario buscar ningún otro motivo para explicar por qué nunca ha sido tan provechoso como el comercio con América que está, entre casi todas las naciones de Europa y sus propias colonias, abierto a todos sus súbditos. …