La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones En tercer y último lugar, no existe ningún criterio seguro para determinar hacia qué lado se inclina la llamada balanza entre dos países, o cuál de ellos exporta por un valor mayor. En general, los principios que orientan nuestras opiniones en estos asuntos son el prejuicio y la rivalidad nacionales, siempre agitados por el interés privado de los hombres de negocio. …
En el fondo, no hay nada más absurdo que toda esta doctrina de la balanza comercial, sobre la que se basan todas las restricciones y reglamentaciones que afectan al comercio. Esta doctrina supone que cuando dos lugares comercian y el saldo está equilibrado, entonces nadie gana ni pierde, pero si se inclina hacia un lado entonces uno gana y el otro pierde en proporción a esa desviación del equilibrio. Los dos supuestos son falsos. Un comercio estimulado forzadamente mediante primas y monopolios puede ser, y normalmente es, perjudicial para el país en cuyo beneficio se establece, como demostraré después. Pero el comercio que se entabla de forma natural y regular entre dos lugares, sin coerción ni restricción, es siempre ventajoso para ambos, aunque no siempre en idéntica proporción.
Por ventaja o beneficio entiendo no el incremento en la cantidad de oro y plata sino en el valor de cambio del producto anual de la tierra y el trabajo del país, es decir: el aumento en el ingreso anual de sus habitantes.