La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Sin embargo, la riqueza de una nación vecina, aunque pueda ser un peligro en la guerra, es ciertamente una ventaja en el comercio. En un marco de hostilidades puede permitir a nuestros enemigos mantener flotas y ejércitos mejores que los nuestros, pero en un marco de paz y comercio les permitirá intercambiar con nosotros un valor mayor y suministrarnos un mercado más amplio para el producto inmediato de nuestras actividades o para lo que se pueda comprar con ese producto. Un hombre rico será probablemente un cliente mejor que un hombre pobre para la gente laboriosa de su vecindad, y otro tanto ocurre con una nación rica. Es cierto que un hombre rico que además es un industrial resulta un vecino muy peligroso para todos los que se dedican al mismo ramo. Pero todos los demás vecinos, y representan sin duda un número mucho mayor, se benefician del amplio mercado que su gasto les aporta. Se benefician incluso cuando vende más barato que los pobres artesanos que fabrican lo mismo que él. De la misma forma, los fabricantes de una nación rica pueden ser rivales muy peligrosos para los fabricantes de las naciones vecinas. No obstante, esta competencia es beneficiosa para la mayorÃa de la población, que además se aprovecha del extenso mercado que en todos los aspectos le proporciona el gasto de una nación de esa clase. A las personas que quieren amasar una fortuna ni se les ocurre retirarse a las provincias más remotas y pobres del paÃs, sino que acuden a la capital o a alguna de las grandes ciudades comerciales. Saben que donde circula poca riqueza, poca se puede obtener, pero donde se pone en marcha un volumen colosal, bien les puede tocar una parte del mismo. Las mismas máximas que de esta forma dirigirÃan el sentido común de uno, diez o veinte individuos, deberÃa regular el juicio de uno, diez o veinte millones, y hacer que toda la nación viese a las riquezas de las vecinas como una causa y ocasión probable para acumular riquezas ella misma. Una nación que puede enriquecerse con el comercio exterior es mucho más probable que lo consiga cuando sus vecinas son naciones comerciales, ricas y laboriosas. Una gran nación rodeada por todas partes de salvajes trashumantes y bárbaros paupérrimos podrá evidentemente acumular riquezas mediante el cultivo de sus propias tierras y su comercio interior, pero nunca a través del comercio exterior. Fue asà como adquirieron su gran riqueza los antiguos egipcios y los modernos chinos. Se dice que los antiguos egipcios descuidaban el comercio exterior, y se sabe que los modernos chinos lo desprecian totalmente y apenas lo consideran suficientemente digno como para concederle una razonable protección legal. Al aspirar al empobrecimiento de todos nuestros vecinos, las máximas actuales del comercio exterior, en tanto consigan ese objetivo que pretenden, lo que hacen es reducir a dicho comercio a algo insignificante y despreciable.