La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Cuando una nación se compromete mediante un tratado a permitir que entren de un paÃs extranjero ciertos bienes que prohÃbe cuando los exportan otros, o a eximir a los bienes de un paÃs de los aranceles que impone a los de los demás paÃses, el paÃs o al menos los comerciantes e industriales del paÃs cuyo comercio resulta asà favorecido obtienen necesariamente un gran beneficio gracias al tratado. Esos mercaderes y fabricantes disfrutan de una suerte de monopolio en el paÃs que tan indulgente se muestra con ellos. Dicho paÃs se vuelve un mercado para sus bienes a la vez más extenso y más provechoso; más extenso porque absorbe una buena cantidad de sus bienes, dado que los bienes de las demás naciones están o bien prohibidos o bien sometidos a elevados aranceles; y más ventajoso porque los mercaderes de la nación favorecida, al gozar de una especie de monopolio, venderán sus mercancÃas más caras que si estuviesen expuestos a la competencia de todas las demás naciones. Pero aunque esos tratados puedan ser muy convenientes para los comerciantes e industriales del paÃs favorecido, son necesariamente inconvenientes para los del paÃs favorecedor. Se concede contra ellos un monopolio a una nación extranjera; y a menudo deberán adquirir los bienes extranjeros que necesitan a un precio mayor que si se permitiera la libre competencia de otras naciones. La parte de su propia producción con la que ese paÃs compra bienes extranjeros deberá consecuentemente ser vendida más barata, puesto que cuando dos cosas se intercambian, la baratura de una es una consecuencia necesaria, o más bien es la misma cosa que la carestÃa de la otra. El valor de cambio de su producto anual, por lo tanto, será probablemente disminuido con cualquier tratado de esa clase. Esa disminución, empero, difÃcilmente represente una pérdida efectiva sino sólo una reducción de la ganancia que podrÃa haber obtenido en otro caso. Aunque venda sus bienes más barato de lo que podrÃa, no es probable que los venda por debajo de su coste, ni tampoco —como sucede con las subvenciones— que el precio no reponga el capital invertido en traerlos al mercado, junto con el beneficio normal. Si asà ocurriese el comercio no podrÃa durar mucho. Por lo tanto, incluso el paÃs favorecedor puede ganar a través del comercio, aunque menos de lo que sucederÃa si hubiese libre competencia. …