La riqueza de las naciones

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Aunque las compañías inglesa y holandesa no han fundado colonias importantes, excepto las dos mencionadas, sí realizaron grandes conquistas en las Indias Orientales. Y el espíritu natural de las compañías monopólicas se ha revelado nítidamente en la forma en que han gobernado a sus súbditos. Se dice que en las islas holandesas de las especias queman todos aquellos frutos que una estación fértil produce por encima de lo que ellas estiman poder vender en Europa con un beneficio suficiente. En las islas donde carecen de asentamientos ofrecen primas para que se arranquen las flores y hojas verdes de los árboles del clavo y la nuez moscada, que crecen allí naturalmente pero que con esta salvaje política se dice que casi han sido totalmente extirpados. Parece que esos árboles se han reducido mucho incluso en las islas donde poseen asentamientos. Ellas sospechan que si la producción de sus islas fuese mucho mayor que lo que su mercado demanda, los nativos encontraría la forma de desviar parte de la misma a otras naciones; y piensan que la mejor forma de asegurar su monopolio es vigilar que no se produzca nada más que lo que ellas solas son capaces de llevar al mercado. Con diversas muestras de opresión han reducido la población de varias de las Molucas prácticamente al número suficiente para proporcionar provisiones frescas y otros artículos necesarios para sus insignificantes guarniciones y para sus barcos que llegan allí a cargar especias. Se dice, sin embargo, que cuando estaban gobernadas por los portugueses esas islas se hallaban razonablemente bien pobladas. La compañía inglesa todavía no ha tenido tiempo como para establecer en Bengala un sistema tan perfectamente destructivo, pero su plan de gobierno presenta exactamente la misma tendencia. Me han asegurado que no es extraño que un jefe, es decir, el funcionario principal de una delegación, ordene a un campesino meter el arado en un rico campo de adormideras y sembrar allí arroz o algún otro grano. La excusa es prevenir una escasez de alimentos, pero la razón real es dar al jefe la oportunidad de vender a mejor precio una gran cantidad de opio que tiene disponible en ese momento. En otros casos la orden es la opuesta, y se ara un rico campo de arroz o cereales para plantarlo con adormideras: esto sucede cuando el jefe prevé que el opio probablemente producirá un beneficio extraordinario. Los funcionarios de la compañía han intentado en varias ocasiones imponer en su favor el monopolio de las ramas más importantes no sólo del comercio exterior sino también del comercio interior del país. Si lo hubiesen conseguido, inevitablemente habrían en algún momento procurado restringir la producción de los artículos sobre los que usurparon el monopolio no sólo hasta la cantidad que ellos mismos podrían comprar sino hasta la que esperasen vender a un beneficio que juzgasen suficiente. En el transcurso de un siglo o dos, la política de la compañía inglesa habría resultado probablemente tan completamente devastadora como la de la holandesa.


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