La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones La distinción de cuna, al derivar de la desigualdad de fortuna, no puede existir en una nación de cazadores, porque en ella todas las personas son iguales en fortuna y por tanto deben ser también virtualmente iguales en nacimiento. El hijo de un hombre sabio y valiente puede ser respetado entre ellas quizás algo por encima de un hombre del mismo mérito pero que haya padecido la desgracia de ser hijo de un necio o un cobarde. Pero la diferencia nunca podrá ser muy abultada; y me parece que nunca ha existido en el mundo una gran familia cuya celebridad haya provenido exclusivamente de haber heredado sabiduría y virtud.
En las naciones de pastores la distinción de cuna no sólo puede existir sino que de hecho existe. Estas naciones son ajenas por completo a cualquier clase de lujo, y una gran riqueza casi nunca puede disiparse entre ellas merced a una imprudente prodigalidad. Por eso no hay naciones en las que abunden tanto las familias reverenciadas y honradas por provenir de un extenso linaje de ancestros ilustres, porque no hay naciones en las que es tan probable que la riqueza continúe durante tanto tiempo en las mismas familias.