La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Lo contrario sucede en las sociedades llamadas bárbaras, de cazadores, pastores e incluso labradores en esa etapa rudimentaria de la agricultura que precede al progreso industrial y a la extensión del comercio exterior. En esas sociedades las diversas ocupaciones de cada hombre lo fuerzan a ejercitar sus capacidades y a inventar expedientes para salvar dificultades que aparecen constantemente. La inventiva está siempre alerta y la mente no llega a caer en la aletargada idiotez que en las sociedades civilizadas parece entumecer la inteligencia de casi todas las clases bajas de la población. …Aunque en una sociedad primitiva existe mucha variedad en las ocupaciones de cada persona, no hay tanta en las de la sociedad en su conjunto. Cada persona hace o es capaz de hacer casi cualquier cosa que otra persona haga o sea capaz de hacer. …En una sociedad civilizada, por el contrario, aunque hay poca variedad en las ocupaciones de la mayorÃa de los individuos, hay una variedad casi infinita en las del conjunto de la sociedad. Esta multiplicidad de ocupaciones presenta una variedad casi ilimitada de objetos para la contemplación de los pocos que, al no estar atados a ninguna ocupación particular, tienen el ocio y la inquietud necesarias para estudiar lo que hacen los demás. La contemplación de esa variedad tan amplia necesariamente ejercita sus mentes en comparaciones y combinaciones continuas, y hace que sus inteligencias sean en grado extraordinario agudas y comprensivas. Sin embargo, si estos pocos no están ubicados en unas situaciones muy especiales, sus grandes habilidades podrán honrarles a ellos pero contribuirán muy poco al buen gobierno o felicidad de su sociedad. Pese a las notables aptitudes de esos pocos, todas las partes más nobles de la naturaleza humana pueden en buena medida embotarse y extinguirse en la gran masa de la gente.