La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones … Igual que los grandes barones, el clero no podÃa obtener ninguna ventaja de su copioso excedente sobre sus ingresos salvo que lo empleara en la profusa hospitalidad y en la más amplia caridad. …La hospitalidad y la caridad de los clérigos no sólo les concedieron el control sobre una gran fuerza temporal sino que también incrementaron el peso de sus armas espirituales. Esas virtudes les atrajeron el máximo respeto y veneración de las clases bajas del pueblo, porque muchas eran alimentadas por ellos de forma permanente y casi todas lo eran de forma ocasional. Todo lo que perteneciese a un estamento tan popular, sus posesiones, privilegios, doctrinas, aparecÃa ante los ojos del pueblo llano como sagrado, y cualquier violación de ellos, real o pretendida, era visto como un acto de la máxima perversión y profanación sacrÃlega. En tal estado de cosas, si el soberano con frecuencia se veÃa en dificultades para resistir a la confederación de un puñado de grandes nobles, no es sorprendente que enfrentase dificultades aún mayores para resistir a la fuerza unida del clero de sus propios dominios, sostenida por la del clero de todos los dominios vecinos. En dichas circunstancias lo asombroso no es que fuese en algunas ocasiones obligado a ceder, sino que haya sido capaz de oponer alguna resistencia. …