Filoctetes
Filoctetes ODISEO. —Ni tú podrÃas sin aquél ni aquél sin ti.
NEOPTÓLEMO. —Tendrá que ser capturado, si es asÃ.
ODISEO. —Si lo haces, obtendrás dos beneficios.
NEOPTÓLEMO. —¿Cuáles? Si me los haces ver, no podrÃa negarme a hacerlo.
ODISEO. —SerÃas reputado por sabio tanto como por valiente.
NEOPTÓLEMO. —Ea, lo haré, liberándome de todo sentimiento de vergüenza.
ODISEO. —¿De verdad te acuerdas de todo lo que te he advertido?
NEOPTÓLEMO. —Puedes estar seguro, ya que te lo he prometido.
ODISEO. —Tú te quedas ahora aquà y aguardas a aquél. Yo me voy, no vaya a ser reconocido estando a tu lado. Al vigilante lo voy a enviar de nuevo al barco. Y si me parece que os retrasáis mucho tiempo, otra vez haré venir hacia aquÃ, después de disfrazarlo para que sea imposible reconocerlo, a este mismo hombre con apariencia de piloto. Acepta lo que te convenga de sus palabras en cada momento, porque él, hijo, hablará de manera ambigua. Yo me voy a la nave, dejándote este asunto a ti. Que Hermes, él dios de la astucia, nos guÃe escoltándonos a los dos, y Atenea Vencedora, protectora de la ciudad, que me protege siempre.