Las traquinias
Las traquinias Ve, hijo, ten valor, compadécete de mÃ, que para muchos soy digno de lástima, yo que he dado gritos de dolor lamentándome como una muchacha. Y nunca ninguno podrÃa decir que vio a este hombre hacerlo antes, sino que siempre, sin emitir gemidos, se sometÃa a las desgracias. Pero ahora, a consecuencia de tal situación, infortunado, me muestro como una mujer. En seguida, acercándote, colócate cerca de tu padre, contempla bajo qué sufrimientos estoy padeciendo. Yo te lo mostraré sin velos encubridores. Mirad, contemplad todos un cuerpo digno de compasión, ved al desgraciado, en qué lamentable estado me encuentro. ¡Oh infortunado! ¡Ah! ¡Ah!
De nuevo este espasmo de dolor me abraza ahora mismo, atraviesa los costados y parece que la miserable y devoradora enfermedad no va a dejar de hostigarme. ¡Oh señor Hades, recÃbeme! ¡Oh rayo de Zeus, hiéreme! Impulsa, oh rey, descarga el dardo de tu rayo, padre.