A mí también
A mí también Primero, hablemos de consentimiento, esa palabra poderosa que debe estar en el centro de cualquier interacción. El consentimiento no es complicado; es como prestar tu suéter favorito: tú decides si lo das, cuándo lo das y a quién se lo das. Si no estás 100% segura o simplemente no quieres, entonces la respuesta es un rotundo "no". Y lo mismo aplica al revés: nunca tomes algo que no te hayan ofrecido claramente. Consentimiento no es un “tal vez”, un “no dije nada”, ni un “parecía que quería”. Consentimiento es un “sí” claro, sin presiones, sin dudas y sin compromisos forzados.
Luego está el tema de conocerte a ti misma, porque antes de compartir tu cuerpo con alguien, necesitas entenderlo tú primero. Es normal tener curiosidad, hacer preguntas y querer saber cómo funciona tu propio cuerpo. Esto no es raro ni vergonzoso. Es como aprender a usar un nuevo teléfono: ¿cómo esperas entenderlo si nunca exploras las funciones? Conocer tu cuerpo te da confianza y claridad, y es un paso importante para tomar decisiones informadas y saludables.