Ătica demostrada segĂșn el orden geomĂ©trico
Ătica demostrada segĂșn el orden geomĂ©trico Escolio: Vemos, pues, que puede ocurrir que lo que uno ama, otro lo odie; que uno tenga miedo a una cosa y otro no; que el mismo hombre ame ahora lo que antes ha odiado, y que se atreva ahora a lo que antes temĂa, etc. AdemĂĄs, como cada cual juzga segĂșn su afecto lo que es bueno o malo, mejor o peor (ver el Escolio de la ProposiciĂłn 39 de esta Parte), se sigue que los hombres pueden diferir[86] tanto por el juicio como por el afecto, y de aquĂ proviene que, cuando comparamos unos con otros, los distinguimos por la sola diferencia de los afectos, y llamamos a unos intrĂ©pidos, a otros tĂmidos y a otros con otro nombre. Por ejemplo, llamarĂ© «intrĂ©pido» a quien desprecia el mal que yo suelo temer, y si, ademĂĄs, reparo en que su deseo de hacer mal al que odia y bien al que ama no es reprimido por el temor de un mal que a mĂ suele contenerme, lollamarĂ© «audaz». Me parecerĂĄ «tĂmido» quien teme un mal que yo suelo despreciar, y si, ademĂĄs, reparo en que su deseo es reprimido por el temor de un mal que a mĂ no puede contenerme, dirĂ© que es «pusilĂĄnime», y asĂ juzgarĂĄ cada uno. A causa de esta naturaleza del hombre, y de la inconstancia de su juicio, como tambiĂ©n porque el hombre juzga a menudo acerca de las cosas por el solo afecto, y porque las cosas que cree hacer con vistas a la alegrĂa o la tristeza, esforzĂĄndose por ello (por la ProposiciĂłn 28 de esta Parte) en promoverlas o rechazarlas, no son a menudo sino imaginarias âpor no hablar ahora de lo que hemos mostrado en la Parte II acerca de la incertidumbre de las cosasâ, por todo eso âdigoâ concebimos fĂĄcilmente que el hombre puede ser a menudo causa de su tristeza o de su alegrĂa o sea, concebimos que estĂ© afectado tanto de alegrĂa como de tristeza, acompañadas, como su causa, por la idea de sĂ mismo. Y, por tanto, entendemos con facilidad quĂ© es el arrepentimiento y quĂ© es el contento de sĂ mismo. A saber: el arrepentimiento es una tristeza acompañada de la idea de sĂ mismo como causa, y el contento de sĂ mismo es una alegrĂa acompañada de la idea de sĂ mismo como causa, y estos afectos son muy vehementes porque los hombres creen ser libres (ver ProposiciĂłn 49 de esta Parte).