Ătica demostrada segĂșn el orden geomĂ©trico
Ătica demostrada segĂșn el orden geomĂ©trico AdemĂĄs, aquello que de tal modo se sigue de la necesidad de la naturaleza de algĂșn atributo, no puede tener una existencia âo sea, una duraciĂłnâ determinada. Si negĂĄis eso, suponĂ©is que una cosa que se sigue de la necesidad de la naturaleza de un atributo se da en algĂșn atributo de Dios (por ejemplo, la idea de Dios en el pensamiento), y que la tal no ha existido o no va a existir alguna vez. Ahora bien: como se supone que el pensamiento es un atributo de Dios, debe no sĂłlo existir necesariamente, sino tambiĂ©n ser inmutable (por la ProposiciĂłn 11 y el Corolario 2 de la ProposiciĂłn 20). Por lo cual, mĂĄs allĂĄ de los lĂmites de la duraciĂłn de la idea de Dios (que se supone, en efecto, no haber existido o no deber existir alguna vez), el pensamiento deberĂĄ existir sin la idea de Dios. Pero esto va contra la hipĂłtesis: ya que se supone que, dado el pensamiento, la idea de Dios se sigue necesariamente de Ă©l. Por consiguiente, la idea de Dios en el pensamiento, o cualquier otra cosa que necesariamente se siga de la naturaleza de algĂșn atributo, tomada en tĂ©rminos absolutos, no puede tener una duraciĂłn determinada, sino que, en virtud de ese atributo, es eterna. Que era lo segundo. NĂłtese que esto mismo debe afirmarse de cualquier cosa que se siga necesariamente, en un atributo de Dios, de la naturaleza divina tomada en tĂ©rminos absolutos.
PROPOSICIĂN XXII