Ética demostrada según el orden geométrico

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Demostración: No consideramos una cosa como ausente por obra del afecto con el que la imaginamos, sino en virtud del hecho de que el cuerpo experimenta otro afecto que excluye la existencia de dicha cosa (por la Proposición 17 de la Parte II). Por ello, el afecto referido a una cosa que consideramos como ausente no supera, por su naturaleza, a las restantes acciones y potencia del hombre (acerca de ello, ver la Proposición 6 de la Parte IV), sino que, al contrario, puede, por su naturaleza, ser reprimido de algún modo por aquellas afecciones que excluyen la existencia de su causa exterior (por la Proposición 9 de la Parte IV). Ahora bien, un afecto que brota de la razón se refiere necesariamente a las propiedades comunes de las cosas (ver la Definición de la razón en el Escolio 2 de la Proposición 40 de la Parte II), las cuales consideramos siempre como presentes (pues nada puede haber que excluya su existencia presente), y a las que imaginamos siempre del mismo modo (por la Proposición 38 de la Parte II). Tal afecto, por ello, permanece siempre el mismo, y, consiguientemente (por el Axioma 1 de esta Parte), los afectos contrarios a él y que no sean sostenidos por sus causas exteriores deberán adaptarse a él cada vez más, hasta que ya no le sean contrarios; y, en esa medida, el afecto que nace de la razón es más potente. Q.E.D.

PROPOSICIÓN VIII


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