Tratado teológico-político
Tratado teológico-político Esto mismo parece indicar Pablo en algunos pasajes, por ejemplo: Romanos, 7,6 y 3,28. Pero tampoco él quiere hablar abiertamente, sino, como él mismo advierte (Ib., 3, 5 y 6,19), al modo humano; y lo dice expresamente, cuando califica a Dios de justo. Sin duda que es también a causa de la debilidad de la carne, por lo que atribuye a Dios la misericordia, la gracia, la ira, etc., y adapta sus palabras a la mentalidad del pueblo (como él mismo dice en 1 Corintios, 3,1-2) o de los hombres carnales. Puesto que él enseña,20 sin restricción alguna (Romanos, 9, 18), que la ira de Dios y su misericordia dependen, no de las obras humanas, sino tan sólo de la vocación, es decir, de la voluntad de Dios; que, además, nadie se justifica por las obras de la ley, sino por la sola ley (ver Romanos, 3, 28), por la cual él no entiende otra cosa que el pleno asentimiento interno; y, en fin, que nadie es feliz sin poseer la mente de Cristo (ver Romanos, 8, 9), con la que perciba las leyes de Dios como verdades eternas.