Tratado teológico-político
Tratado teológico-político Además, la estructura y el orden de las historias indican también10 que hubo un solo historiador, el cual se fijó un objetivo determinado. Comienza contando el primer origen de la nación hebrea y cuenta después, siguiendo un orden, con qué ocasión y en qué épocas dio Moisés leyes al pueblo y predijo en ellas muchas cosas; cómo, después, según las predicciones de Moisés, invadieron los hebreos la tierra prometida (ver Deuteronomio, 7) y, una vez poseída, dieron de lado a las leyes (Ib., 31,16), y cómo por eso les vinieron muchos males (Ib., 17); cómo, a continuación, quisieron elegir reyes (Ib., 17, 14) y les fue bien o mal, en la medida en que guardaron las leyes (Ib., 28,36 y 69);20 hasta contar, finalmente, la ruina del Estado, tal como la predijera Moisés. Todo lo demás, que no sirve para confirmar la ley, o lo silenció totalmente o remite para ello al lector a otros historiadores. Por consiguiente, todos estos libros se orientan a un solo objetivo, a saber, enseñar los dichos y los edictos de Moisés y demostrarlos con hechos reales.
Si valoramos, pues, simultáneamente estas tres observaciones, a saber: la sencillez del argumento de todos estos libros, su conexión mutua y su carácter apógrafo (escrito muchos siglos después de que sucedieran los hechos), concluimos, según acabamos de decir, que todos ellos fueron escritos por un solo historiador.