Tratado teológico-político
Tratado teológico-político Ahora bien, si prestamos atención al estilo de dichas epístolas, constataremos que es lo más ajeno al estilo de la profecía. Lo más corriente entre los profetas era, en efecto, testificar por doquier que hablaban por mandato de Dios, diciendo: así20 lo dice Dios, dice el Dios de los ejércitos, mandato de Dios, etc.[259] Y esto parece que no sólo se cumplió en los discursos públicos de los profetas, sino también en las cartas que contenían revelaciones, como se ve por aquella de Elías a Joram (ver 2 Paralipómenos, 21,12), la cual comienza también con la expresión: así dice Dios. En cambio, en las cartas de los apóstoles no leemos nada similar, sino que, por el contrario, en 1 Corintios, 7,40 Pablo habla según su propio parecer. Más aún, en muchísimos pasajes encontramos formas de hablar propias de un ánimo ambiguo y perplejo, como (Romanos, 3, 28) juzgamos[n26],30 pues, y (Ib., 8,19) pues estimo yo, y otras muchas por el estilo. Se hallan, además, otras formas de hablar totalmente alejadas de la autoridad profética, como: pero esto lo digo yo, como débil, y no por mandato (ver 1 Corintios, 7,6); doy[152] mi consejo como hombre, porque es fiel la gracia de Dios (Ib., 7,25)[260], y así otras muchas. Y adviértase, además, que, cuando dice en el capítulo citado que él tiene o no tiene el precepto o mandato de Dios, no entiende un precepto o mandato que Dios le haya revelado, sino únicamente las enseñanzas que Cristo enseñó a sus discípulos en la montaña.