Tratado teológico-polÃtico
Tratado teológico-polÃtico No es que yo pretenda negar absolutamente que los profetas hayan10 podido argumentar a partir de la revelación; simplemente afirmo que, cuanto más coherentemente argumentan los profetas, más se aproxima al natural el conocimiento que ellos tienen de la cosa revelada. Y ésta es la mejor señal de que los profetas tienen un conocimiento superior al natural: que se limitan a formular simples doctrinas o decretos u opiniones. Afirmo, pues, que el máximo profeta, Moisés, no ha formulado ningún argumento auténtico. Concedo, en cambio, que las largas deducciones y argumentaciones de Pablo, como las que se encuentran en la epÃstola a los Romanos, no fueron en absoluto escritas en virtud de una revelación sobrenatural.
AsÃ, pues, tanto la forma de expresarse como de argumentar que emplean los apóstoles en sus epÃstolas, muestran clarÃsimamente que éstas no fueron escritas por revelación y mandato20 divino, sino tan sólo según su propio juicio natural, y que no contienen más que avisos fraternos revestidos de urbanidad (de la que tan lejos está la autoridad profética); como, por ejemplo, aquella disculpa de Pablo en Romanos, 15,15: os he escrito, hermanos, con audacia un tanto excesiva.