Tratado teológico-político
Tratado teológico-político En este momento hay que recordar lo que hemos dicho hace un instante, a saber, que los apóstoles no sólo habían recibido la20 virtud de predicar la historia de Cristo como profetas, es decir, confirmándola con signos, sino también autoridad para enseñar y exhortar a seguir aquel camino que cada uno estimara el mejor. En 2 Timoteo, 1,11 Pablo indica claramente ambos dones con estas palabras: para ello he sido constituido heraldo y apóstol y doctor de los gentiles. Y en 1 Timoteo, 2,7 dice: para ello fui constituido heraldo y apóstol (digo la verdad por Cristo, no miento), doctor de los gentiles con la fe (adviértase bien) y la verdad. Con estas frases, insisto, reclama claramente para sí ambas cosas, es decir, el oficio de apóstol y de doctor. En cuanto a la autoridad de exhortar a cualquiera y dondequiera que él lo deseara, la indica en Filemón, v. 8 con estas palabras: aunque tengo gran libertad en Cristo de mandarte lo que conviene, sin30 embargo, etc. Adviértase que, si Pablo hubiera recibido de Dios, como profeta, lo que convenía mandar a Filemón y lo que debía imponerle como profeta, no le hubiera estado permitido cambiar el mandato de Dios en súplica. Por consiguiente, hay que entender necesariamente que él habla de la libertad de exhortar que le incumbía como doctor y no como profeta.