Heidi

Nuevo capítulo y nuevas cosas.

En casa del señor Sesemann, de Frankfurt, vivía su hija Clara, que estaba enferma y pasaba sus días en un cómodo sillón de ruedas. En aquel momento, Clara se hallaba en la llamada sala de estudio, contigua al comedor y llena de objetos y enseres que le daban un aspecto acogedor y mostraban que en ella vivía la familia con preferencia. La biblioteca, hermosa y grande, provista de dos puertas vidrieras, había dado el nombre a la sala y es allí donde la niña paralítica recibía diariamente las lecciones.

Clara tenía un rostro delgado y pálido y unos ojos azules y bondadosos, que en aquel momento no se apartaban del gran reloj de pared; le parecía que las agujas avanzaban aquel día con especial lentitud, pues Clara, tan paciente habitualmente, exclamó de pronto con cierta vivacidad:

—Pero, señorita Rottenmeier, ¿todavía no es la hora?




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