Heidi

Cómo transcurre la vida en los Alpes.

El sol salió por detrás de las rocas, lanzando sus primeros rayos sobre la cabaña y el valle. El Viejo había salido de su casa y, como todas las mañanas, contemplaba con religioso silencio cómo, a su alrededor, se disipaba en los valles y en las alturas la ligera neblina de la madrugada y se despertaba el mundo para empezar un nuevo día.

Las tenues nubes de la mañana se iluminaban cada vez más, hasta que al fin apareció el sol en toda su gloria e inundó las montañas, los bosques y el valle con sus dorados rayos.

En aquel momento el Viejo penetró de nuevo en la cabaña y subió sigilosamente la pequeña escalera para contemplar a las dos niñas. Clara acababa de abrir los ojos y miraba con gran asombro cómo entraban los rayos del sol por la ventana y danzaban alegremente sobre el lecho. No se daba cuenta ni de lo que veía ni en dónde se hallaba. Pero dirigió una mirada hacia Heidi, la cual estaba todavía dormida a su lado, y, al mismo tiempo, oyó la voz cordial del abuelo:

—¿Has dormido bien? ¿Tienes todavía sueño?

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