La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma Sin dejar de hacerse reflexiones de orden moral, Fabricio saltó a la carretera que va de LombardÃa a Suiza. En aquel lugar discurre rehundida un metro o metro y medio por debajo del bosque. «Sà mi hombre se asusta —pensó Fabricio— y se larga al galope, yo me quedo aquà plantado como un idiota». Estaba a unos diez pasos del criado, que habÃa dejado de cantar. Pudo ver el miedo en sus ojos; probablemente se iba a dar la vuelta con sus caballos. Fabricio dio un salto y agarró la brida del caballo flaco.
