La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma Cuando salió del arzobispado, Fabricio corrió a casa de la pequeña Marietta. Y ya antes de llegar oyó la fuerte voz de Giletti que había mandado traer vino y se estaba corriendo una juerga con sus amigos, el apuntador y los despabiladores. Sólo respondió a su señal la mammacia, que hacía de madre.
