La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma —¿Me prometerá usted guardar secreto sobre lo que le voy a decir ahora, aun en el caso de que no le parezca bien acceder a la petición que le voy a hacer?
—Naturalmente que sÃ, monseñor —respondió la muchacha, temblando al observar la cara seria y sombrÃa con que súbitamente la miraba el anciano; y añadió—: nuestro respetable arzobispo sólo puede darme órdenes dignas de él y de mÃ.
—DÃgale a don César que le recomiendo a mi hijo adoptivo. Sé que los policÃas que lo han secuestrado no le han dado tiempo para coger su breviario, yo le ruego a don César que le haga llegar el suyo, y si su señor tÃo quiere enviar a alguien mañana al arzobispado, yo me encargo de restituirle el libro que haya dado a Fabricio. También le ruego a don César que le haga llegar igualmente al Sr. del Dongo el anillo que ahora lleva esa mano tan bonita.