La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma Así pues, aunque se habían volcado enteramente en ayudar al prisionero, ni la duquesa ni el primer ministro habían conseguido apenas nada. El príncipe estaba encolerizado y tanto la corte como el público en general se sentían molestos con Fabricio y les gustaba verlo sumido en la desgracia; había sido demasiado feliz. Pese a haber gastado dinero a manos llenas, la duquesa no había logrado dar un solo paso adelante en su asedio a la ciudadela. No pasaba un solo día sin que la marquesa Raversi o el caballero Riscara no le hicieran alguna recomendación al general Fabio Conti. Lo alentaban así en su debilidad.
