La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma Debo confesar que he tenido el atrevimiento de dejar en los personajes las asperezas de sus caracteres; en compensación, y lo declaro abiertamente, condeno desde la moral más rigurosa muchos de sus actos. ¿Por qué conferirles la alta moralidad y la delicadeza del carácter de los franceses, que aman el dinero por encima de todas las cosas y que casi nunca pecan ni por odio ni por amor? Los italianos de esta novela son, más o menos, todo lo contrario. Tengo la impresión, por otra parte, de que, cuando uno se desplaza desde el sur hacia el norte, cada doscientas leguas, se da tanto un cambio de paisaje como una nueva novela. La amable sobrina del canónigo, que conoció a la duquesa Sanseverina y la quiso mucho, me ruega que no cambie nada de sus aventuras, que, desde luego, son censurables.
23 de enero de 1839.
