La Cartuja de Parma

La Cartuja de Parma

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo vigesimoquinto

La llegada de nuestro héroe sumió a Clelia en la desesperación. La pobre muchacha, virtuosa y sincera consigo misma, no podía dejar de reconocerse a sí misma que jamás sería feliz lejos de Fabricio; pero, con ocasión del medio envenenamiento de su padre, había prometido a la Madona que por él haría el sacrificio de casarse con el marqués Crescenzi. Había hecho la promesa de no volver a ver a Fabricio, y ahora sentía unos remordimientos espantosos por la confesión que se había sentido obligada a hacerle en la carta que le había escrito la víspera de su evasión. ¿Cómo describir lo que sucedió en aquel triste corazón, cuando, melancólicamente ocupada en contemplar el revoloteo de sus pájaros, al levantar los ojos, dulcemente y por costumbre, hacia la ventana desde donde en otro tiempo Fabricio la miraba, lo vio allí, otra vez, saludándola con un respeto lleno de ternura?

Creyó que era una visión que el cielo permitía para castigarla. Luego, la atroz realidad se impuso en su razón. «¡Lo han vuelto a coger —se dijo—, está perdido!». Recordaba las cosas que había oído en la fortaleza tras la fuga; hasta el último carcelero se consideraba mortalmente ofendido. Clelia miró a Fabricio, y, muy a su pesar, aquella mirada expresó por entero la pasión que la llevaba a la desesperación.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker